viernes, febrero 06, 2009

¡Qué muralla tan grande!

Venga Felipe, ¡qué no puedes dar un paso sin dolor! Cada sueño que se cumple duele, cada alegría cotidiana, duele, cada tristeza, duele, cada amor, duele.

Hace un par de semanas trabajar para la Agencia Efe era un sueño. Te veías el súper periodista, la cabeza en alto, los dedos ágiles, el pensamiento tranquilo. Las ganas como siempre de hacer todo, y de superarte a cada paso. Después El Colombiano, Medellín, calor, familia, Susana, las viejas calles.

Esta vez el paso fue aceptado, llegar al Colombiano dejó de ser frustración y en un abrir y cerrar de ojos te dijeron: ¡Queremos que trabajes con nosotros! Pasaste miles de pruebas hasta llegar allí, miles de segundos pensando en lo importante que sería, en la nueva vida de la vieja villa. Sabías que no fue la ciudad la que cambió, sino vos el que te volviste visitante. Y quisiste seguir.

Pero esa afortunada llamada: “Hola Felipe, soy Rosa Mengotti de la Agencia Efe. Creíste que nos habíamos olvidado de ti, pero llamo para darte buenas noticias, has sido elegido para trabajar con nosotros”.

Joder, que todo puede pasar cuando una moneda cae. Sabía que aceptaría, lo había pensado miles de veces y me sonreía cada que lo imaginaba. Y en ese instante lo estaba viviendo. “Tu contrato empieza el 20 de febrero, así que necesitamos que para ese día hayas hecho algunas capacitaciones. Ven, pero tú ya estás trabajando?

“No señora Mengote – respondí. Yo estoy en Medellín pero no estoy trabajando, así que viajaré entre el 12 y el 15 de febrero para estar allá ese día.”

“Trata de hacerlo antes, pero entonces llámame el lunes porque veo que estas fuera”.

“Hasta entonces”. Veinte segundos para cambiar vidas.

Ahora tengo miedo. Mañana, cuando sería mi primer día de trabajo en el soñado periódico El Colombiano, iré a decir que renuncio. Mierda, que la felicidad completa nunca me acompaña. Esa puerta ahora está cerrada y espero que alguna vez, si la llego a necesitar se vuelva a abrir. Ahora en Medellín he tachado la única casa en la cual pude haber vuelto a vivir.

Me voy, de nuevo me voy. Esta vez igual de afligido pero con un camino más seguro. Viajaré en avión, el primero que pagaré. Sonreiré al decolar y se ensombrecerá la mirada al pisar Bogotá. De nuevo tristeza y soledad pero más periodismo. La decisión está clara: pude quedarme escribiendo para Medellín, o irme a Bogotá a ser parte del flujo de información mundial. En ese entonces seré experto en crisis económicas, presidentes latinoamericanos, las tragedias diarias. Escribiré en inglés como si supiera, pondré mis piesitos en otros países. Cualesquiera sean.

¡Que muralla tan alta!, me dijo mi papá. Que miedo ir a decir al Colombiano que esta vez es Felipe el que no quiere trabajar para ustedes. Que les estoy cobrando una vieja deuda por culpa de la Yarce.

¡Pero que agilidad la mía!, terminó de decir mi padre. Venga Felipe, duele pero en poco tiempo, febrero 20, serás otra persona. Brindo por vos, así ya no estés en esta hermosa ciudad, con hermosas mujeres por doquier. Por la Juli, que hermosa, pero que solo será una gran amiga. Por lo que tienes que aprender, por lo que tienes que ganar. Porque tendrás que trabajar muy duro, esforzarte como el que más. Esta vez no puedes morir en seis meses. Venga Felipe, salud. Sos muy grande, no llorés mi parcero, que la vida te ha mostrado su mejor cara, y solo es quitarle el velo. Mañana a esta hora, 2 de febrero, nos reiremos. Te felicito mi pipe, ¡qué agilidad!

jueves, febrero 05, 2009

Adrián

29 de enero de 2009

Hola soy yo. Me llamo Felipe Torres, disculpa que en la mañana no me haya presentado y que de pronto te haya hablado bastante duro. También estaba demasiado nervioso, viviendo mi propia pesadilla. Con el alma partida, con todo el miedo del mundo y con rabia por tanta indiferencia de algunos, mezclada con la incapacidad de otros.

No fue el mejor momento para conocernos, me hubiese gustado que tuviéramos toda una vida para conversar, que me contaras mucho más que tu nombre, los 19 años, ningún hijo, tu mamá. Pero te metiste allá en ese rincón.

Te cuento que mi despertar fue bastante bonito. Yo duermo en un undécimo piso, con las ventanas abiertas y las cortinas recogidas para que el sol me visite todas las mañanas. Sin embargo hoy no fue el dios Apolo el encargado de darle fin a mis sueños. Mi abuelo necesitaba que lo llevara al puente del Pandequeso porque iba de viaje. Lástima que hoy no viajó conmigo, si lo hubieras conocido hasta te habría caído bien y hasta de pronto la historia fuera diferente.

El cuento es que al despertarme todavía era de noche. Por la ventana se veían miles de luces. Sonreí, supuestamente hoy iba a conocer a una mujer espectacular de la que mi tía Cecilia me habla cada tanto. Hice algunas vueltas, volví a la casa, dormí, mi abuela me despertó, bromeamos, mi papá me hizo desayuno, mi tía Gloria me hizo miles de preguntas. Un día normal, pero feliz desde que volví a esta ciudad.

Con mi papá, un señor que no creo que hayas alcanzado a ver, y con mi abuela salimos para la finca, un potrerito en Versalles, cerca de Santa Bárbara. Seguro que vos la conoces. Antes de coger la cabrilla oré un poco a un Dios que hace mucho había olvidado pero del cual suelo acordarme algunas veces: “Inspírame Señor el gesto y la palabra necesaria frente al hermano sólo y desconsolado. (No sabía lo necesario que sería). Darme nervios de acero, capacidad de reacción y evítame que vaya a herir a alguna persona o a mi mismo, por alguna imprudencia”. Ahora que lo pienso la oración fue acertada. Premonitoria.

Fuimos a Mayorca, hicimos unos enredos y tomamos el camino que nos cruzó con vos. Hacía mucho rato no conducía un carro y créeme que siempre lo trato de hacer con mucha prudencia. En Caldas me llamó mucho la atención el bus de la empresa Galaxia. Había parado a recoger pasajeros pese a que, según entiendo, eso está prohibido para los buses interdepartamentales. No lo pude adelantar y con lo estrecha que es esa carretera tuve que caminar bastante rato tras él. Le comenté a mis dos compañeros de viaje que ese bus no debería llevar la puerta abierta y mucho más arriba lo sobrepasé.

Después alcancé una tractomula que iba bastante rápido. – Eso es que va vacía- dijo mi papá, mientras que yo acoté, innecesariamente, que a lo mejor solo llevaba unos dos o tres kilos de coca. Cuando estaba a punto de sobrepasarla mi papá me advirtió que no lo hiciera porque teníamos que parar a comprar unos huevos. Así lo hice y creo que fueron esos pocos minutos ahí los que me pudieron salvar…

El bus de Galaxia pasó, la señora de los huevos decidió venderlos, una olla cambió de dueños y de nuevo en marcha. No iba rápido y sobrepasé una luv 2300 blanca. Ahí fue cuando me encontré con la moto que me hacía señas y la tractomula. Me alcancé a molestar un poco y acaso 200 ó 300 metros más adelante empecé a ver rodar las cebollas cabezonas. Vi el bus de Galaxia contra el barranco y unos discos en formato LP sobre el piso. El ayudante sangrando pidiendo ayuda.

Mucho gusto, yo soy Felipe Torres.

A lo mejor cuando yo me levantaba, cinco horas antes, como en los cuentos de hadas, vos ya llevabas varias horas de trabajo, un desayuno, algunos cigarrillos, acaso unos chistes con tu compañero (nunca dijiste cómo se llamaba). El carro con cebolla, tal vez un poco de sueño. La historia de cómo llegaste a cruzarte conmigo no la voy a saber. Debiste pagar el peaje, tal vez ponerle volumen al vallenato de “que bonita es esta vida”. Llegaste al Alto, un poco apurado, o tranquilo, saludaste. Todo puede ser.

Y empezó el descenso cuando yo estaría comprando los huevos. ¿Qué pasó? ¿Frenos, dirección, un sobrepasó como dice la versión…? imposible saberlo. Yo creo que tuviste alguna falla mecánica porque un sobrepaso en ese sitio, con un camión cargado y a una tractomula es un tiro al aire que uno no se suele jugar. Tal vez sí, a los 19 años la vida es otro cuento. Yo también quisiera tener cinco años menos, pero con la experiencia, la prudencia y los conocimientos, muy menguados todavía, que tengo ahora.

Cuando te vi con medio cuerpo colgando, la sangre corriendo -esas palabras de “amá ayúdame, amá”, que me acompañarán por siempre-, me sentí en una pesadilla. Lo primero que hice fue llevarme las manos a la cara y devolverme al carro para decir, “ese man se está muriendo allá”. Traté de que mi abuela no te viera porque hace muchos años, cuando vos eras un bebé –y yo un niño-, ella perdió un hijo en idénticas condiciones. No lo pude evitar y luego de devolverla al carro volví a subir, sin saber lo que vendría.

Cuando vi que amarraban lazos y tenían carros dispuestos a jalar sentí que no había vuelta atrás. Sabía que no era lo recomendable pero tus lastimeras palabras de “ayúdenme” obligaban a pensar en algo. Fui ahí cuando nos vimos. Esa historia la sabemos vos y yo.

Acordate que mientras terminaban de organizar para tirar del carro me acerqué a vos. – Parcero, cómo te llamas. – Adrián, y de nuevo pedías ayuda. – Mirá Adrián, te dije como si fuera un experto, si sentís dolor cuando estén jalando el carro me decís y ahí hacemos parar.

Al primer embate los gritos fueron terribles. Imposible jalar. Me acerqué, te di la mano y fue ahí cuando alcancé a ver los pies, ya sin vida, de tu compañero de viaje.

- Adrián todas las personas que hay aquí vamos a trabajar para salvarte. No te vas a quedar dormido… ya no te estaba hablando, sino gritando. Te di la mano y empezamos a conversar. Yo soy periodista y habló como un parlanchín, aunque nunca digo nada.

La sangre empezó a correrte con la saliva pero las heridas no eran más que rayones por los vidrios del panorámico. Me dolía mucho cada vez que volteabas los ojos y como que te ibas. Ahí de nuevo te gritaba que no te durmieras, que mucha fuerza, que no te desesperaras porque ibas a estar bien. Te prometí que no te íbamos a dejar morir. Pero estabas colgando de la cabeza y atrapado de los pies. En ese momento sabía que si tenías otra oportunidad de vivir nunca volverías a caminar. Era imposible que tus pies se salvaran.

Mientras tanto la gente empezó, con la fuerza que las manos le permitían, a desdoblar las latas del turbo rojo que manejabas y lentamente ibas cayendo a mis brazos. Para tener 19 años estabas bien alimentadito y casi te dejo caer cuando te desaprisionaron. Sentí el sudor de tu cuerpo, la sangre, los vidrios, sentí que tu pie derecho, más arriba de la rodilla, estaba partido en pedazos. Era lo mínimo que te podría pasar.

En el asfalto me sobresalté al pensar que ibas a vivir, que esa desnudez que tenías en ese momento iba a seguir siendo vida, que esos rayones en tu piel serían alguna vez cicatrices. Aunque tu pie, nunca más sería tu pie. Te negué agua y después de mucho pedir un carro que te llevara apareció ese Turbo, idéntico al que vos manejabas. – Vamos señores que Adrián está de afán, así que ayúdenme a levantarlo a la voz de una, dos y tres.

Te lamentabas por tu pie mientras acercaron la compuerta que improvisamos como camilla. De nuevo al suelo, la plataforma y para el carro. Ya los ojos no te querían responder pese a que te gritaba con todas mis ganas, te golpeaba la cara… Ya estabas pasando al otro lado. Lamenté mucho no acompañarte y me consolé al pensar que ibas a vivir a ese duro trance. Cuando te anuncié que iba a levantarte un poco la cabeza para ponerte un cojín de protección, y vos mismo te moviste, creí que lo más duro ya había pasado. Pero cuando vi que te ponías bocabajo como para dormir, y no hacías caso a lo que te decía, sabía que de ese rincón no ibas a salir nunca. Dormirte era morirte, es lo único que pensaba en ese momento, y no pude hacer nada para evitarlo. El escapulario sin crucifijo, los zapatos modestos, la caja de cigarrillos, la ropa hecha trizas y una cara desconocida, la mía, que no te quería dejar morir, fue el inventario que tuviste en los últimos segundos.

Me bajé del carro al tiempo que te morías pero me negaba a creerlo. Si Dios existe, te debió recibir de la mano cuando aquí en la tierra yo solté la tuya. Con los nervios destrozados y las lágrimas en la cara te grité las que pudieron ser las últimas palabras que escuchaste: “Vamos Adrián, vos podés vivir, no te vas a quedar dormido mientras bajan al hospital”.

Me fui con el optimismo de que ibas a estar bien, de que vivirías y que alguna vez nos volveríamos a cruzar… talvez en otras situaciones, talvez sin ser amigos, sin reconocernos.

Hoy, curiosamente, empecé a leerme el libro “Los doce del Patíbulo”. En sus primeras hojas hay un muerto que nadie, aunque todos quieren, puede evitar. Creía que estabas vivo, que en ese momento una hermosa enfermera te daba los primeros auxilios, te conversaba, te limpiaba las heridas, te curaban el pie izquierdo.

Dormí sobresaltado, almorcé poco y emprendí el regreso talvez unas cinco horas después de haberte despachado para el hospital. Pero vos te me fuiste para otro lado. Pocos carros bajaban por lo que comprobé que el levantamiento del cuerpo de tu compañero no había terminado y que los hierros retorcidos, de donde creí salvarte, todavía no habían sido removidos.

Arriba del peaje empezó la fila de carros y confirmé mis sospechas. Paré a un vendedor ambulante, de esos que se pasean por todos los trancones del país, y le pregunté que sabía del accidente: “Ha llovido mucho entonces no han podido hacer el levantamiento de un muchacho que se mató. Porque el chofer si murió apenas lo mandaron para el hospital”.

Joder!!!! Esas palabras me partieron el alma. Disculpa Adrián que mis conocimientos en materia de primeros auxilios sean tan básicos, hice todo lo que a mi alcance tuve para salvarte la vida. Pero en suerte te tocó un periodista, con los nervios de acero eso sí, que trató de ayudarte. Y ahora pienso miles de variantes que hubieran evitado tu muerte. Si hubiese estado con doña Yaneth, si no te hubiera dejado acomodar en ese rincón del camión, si hubiesen llegados los bomberos, si me le hubiese adelantado al bus y te hubieses chocado contra mi carro… si te hubiese dejado con el cuerpo izado como en las pesadillas.

Ahora solo puedo hacer algunas oraciones, las que no he olvidado, a tu favor. Escribirte esta carta que podrás leer en toda la eternidad que te espera a partir de este 29 de enero y que a mí me liberará de este cargo de conciencia que tengo. La próxima botella de vino la beberé en tu honor para compensar el trago de agua que no te deje tomar, trataré de vivir pensando que talvez yo puedo encontrarme el final de los días en una curva cuando me niegue a comprar huevos. O cuando pare a comprarlos. Dame la fuerza que tenías en tus manos, con la que me golpeaste en el pecho cuando tratabas desesperadamente de salir del carro. Seguro que un puño de esos en una ocasión diferente no lo hubiera resistido. El pecho me dolió durante un rato. Dame los años que no te gastaste, la risa que talvez exhibías cada tanto… tu paciencia, tus buenas intenciones, el amor por los tuyos. Vos eras menor que mi hermano. Imagínate parcero.

En este momento tu mamá, a la que tanto imploraste en los últimos minutos de vida, debe estar destrozada. Tus hermanos si los tenías, tu papá. Tal vez la novia que, al igual que me he sentido yo en los últimos cuatro meses y cinco días, pensará en la pérdida por siempre de su amor. Solo que para ella el “por siempre” es inefable. Hasta siempre mi hermano, Adriancho, acompáñame cada vez que podás. No me dejes dar un mal paso… Estoy seguro que por siempre recordaré este nefasto día. Suerte mi brother.

El regreso (siempre se vuelve)

25 de enero de 2009

El momento soñado terminó siendo un interrogante más. Me devolví para darle calor al alma y pocos metros después de Bogotá me di cuenta que el frío provenía de mi sangre, de adentro.

Y cuando esperaba que la Cornejo estuviera al final de tan largo camino apenas logré unas pocas palabras suyas en las cuales asegura que su vida va muy bien. Y qué injusto. Tanto esperar este momento para que cuando se dio me sintiera como si esta no fuera mi casa de siempre.

Esta ciudad, ahora, tampoco es la mía: la eterna condena a jugar siempre de visitante. Bogotá me hizo sufrir mucho cuando estuve allá, ahora me hace sufrir al desenfocarme del lugar en el cual debo gastar mis días.

Y de nuevo queriendo echar el tiempo atrás. El recordar para no vivir como un ejercicio diario. Que gran vacío el que me has dejado divina mujer. Y que daría esta vida y la otra por compartir de nuevo, ahora y por siempre, todo lo que antes tanto soñamos. Así no sea posible.

“Son las mismas luces que alumbraron con sus pálidos reflejos ondas horas de dolor. Que con indiferencia hoy me ven volver. Errante en la sombra, te busca y te nombra, la Diana: un dulce recuerdo que lloro otra vez.

Tengo miedo del reencuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar. Y aunque el olvido, que todo destruye, haya matado mi pequeña ilusión, tengo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón”.

jueves, enero 08, 2009

...

Con el alma de un hilo, a un paso de la gloria y a dos del infortunio... Con el sueño en el bolsillo, y cerca, muy cerca. Y no sabemos si es un espejismo o la realida. Te viste ahí Felipe, bien vestido, con un cambio completo, como el periodista que tanto soñaste... sería diferente la vida cuando las condiciones laborales sean así. Ojalá de nuevo te hayas caído para arriba.

Pero la vida no terminará si la llamada no llega. Creo que es muy temprano para estar tan arriba, pero sé que algún día ese será mi lugar. Si mañana recibo la grata noticia comenzará un nuevo ciclo, una nueva vida, ahora con una mirada abierta a más horizontes. Despues de esto que está a punto de suceder la potencialización de Felipe no se hará esperar.

Y me da tristeza, de verdad que la Cornejo estaría feliz en este momento... Pero bueno, ella igual está feliz. Esperar no siempre es fácil, y ahora que siento tan de cerca la oportunidad soñada, ni yo, campeón en esperar, me siento capaz de hacerlo. Ya quiero saber, ya quiero que sean ocho días... Ya quisiera celebrar. De nuevo un brindis por lo que no fue, porque este bache sea una nueva oportunidad. Que no se desvanezcan las esperanzas, que mañana haya otro día.

domingo, diciembre 21, 2008

La negra tiene tumba'o

Aunque no quise el regreso siempre se vuelve al primer amor.

Negra, ya se me habían olvidado las grandes luchas que tuve contigo, las palabras que fueron y volvieron ambientadas con los juegos de tenis, alguna salida 'pachanguera', los celos, los mimos, los reclamos sin fundamento, el felipe aventurero, la negra indomable, un tercero, una vida en problemas. Una cama revuelta, las películas interrumpidas, las que nos quedamos dormidos, las veces que hicimos nuestra propia película, un accidente de moto, las flores regadas por la estación del metro, los malos poemas, los buenos cuentos.

Imagínate que hace poco me cruce con el tipo que nos contó el cuento de "Dios mio, dios mi porqué me has abandonado", y con el cubano, y con el payaso, y con el mago que siempre me desaparecía la plata... Fíjate vos y yo aquí, Medellín atrás...

Que todavía te veo con tu camiseta de lana amarilla, era bastante fea como para no recordarlo, o el día que nos peleamos feísimo y estabas muerta de la rabia y te caiste en un pantano de la universidad. Si quiera éramos amigos porque de otras formas nunca me hubieras vuelto a hablar.

Y ahora que hago el recuento caigo en la cuenta de que tú eras demasiado pendeja y yo demasiado güevón. Y será por eso que nos entendimos en los mejores momentos... qué putada, ya pasó, ya no importa.

Mi medallo

Mi regalo de navidad

Si viste navidad que tenías un regalo para mí. Que no me olvidaste para esta ocasión y que la Esperanza no se desvanece. Qué noche, algo así era todo lo que necesitaba, un rato para estar tranquilo, para gozarme esta vida y la otra. Te lo agradezco, que regalazo.

Y todo fue esperar. Llegó el día cuando menos lo pensaba, después de pasar miles de malos ratos, de miles de kilómetros recorridos, del sudor en la frente por el mucho trabajo, después de la espalda dolorida por falta de un rato de esparcimiento.

Sonó el teléfono (y no era el Gran Combo). Después de una mala comunicación pude entender con quien hablaba y la invitación a salir, que en otras ocasiones se vio frustrada por mis compromisos, se pudo dar esta ocasión. Y mi Paulis, has de perdonarme que aunque la invitación me la hiciste vos, yo haya estado más preocupado de otros asuntos más 'esperanzadores'. La noche fue única, de esas para no olvidar y en la que nos disfrutamos la nueva reglamentación del prohibido fumar en los bares. Fue genial, y pues ella, de verdad, gracias por ese regalo. Si te ofendí discúlpame, en cierta forma vos así lo quisiste... Vos me mandaste a los brazos de ella.

Igual, no tengo porque bajarle la cara a nadie. No he hecho algo que sea motivo de un reproche. Esa es la vida, y de pronto mis próximos días sean igual de tediosos y solos como los que he pasado de un tiempo para acá, pero la de anoche será una alegría para seguir recordando en esos momentos. Gracias Paulis, y obviamente gracias a ella. Que buen detalle.

P.D.: Mi Prince, ahora sé cómo encontrarte, solo es que salga a comer con otra mujer, o por ahí con otra persona, cualquiera sea, para que aparezcas. Igual, ya estás decapitada. Vamos por el medallo.

jueves, diciembre 11, 2008

Hasta que se llegaron las vacaciones recreativas



Bueno, solo fueron un par de horas. La escafandra por los escasos minutos de una reportería que contó con aeróbicos, veletas, niños corriendo y brincando por todos lados... Y caramba, que la vida es fácil cuando le da la puta gana.

Y ahora que he tenido dos minutos de felicidad me he dado cuenta de cuánto resentimiento se va generando en el corazón cuando duele más y más y mucho más cuando se ha querido. Pero no se corresponde... Presiente el alma que mi dolor acaba. Y causa un gran dolor y más dolor cuando te han herido, cuando te han mentido...

Había olvidado el placer de jugar con niños, de correr por el parque como si se tuvieran 14 años menos y una tonelada de prejuicios olvidados. Caramba que la vida es fácil cuando no se mira la hora para salir, cuando la creatividad se vuelve a encontrar con un pedazo de cartulina... y cuando se mira el mundo como un captricho de algunos guapos que sólo saben hacerse pis unos a otros. Y cuando las afrentas son acaso un dato de contexto que poco importa... Necesitaba muchos días como este... y que vuelva a mi el brillo de los ojos, el recreacionista perdido, el primo ideal que siempre tiene un chiste, una broma... el que no deja que se apaguen las fiestas familiares, el tipo que siempre vestía una sonrisa. Qué ha pasado mi pips??? Caramba, qué me ha pasado.

lunes, diciembre 08, 2008

Sobresaltos

Me desperté a la media noche con el sabor del vino en la boca, la música aún prendida, las luces sobre la cara y sobre mí se reincorporaron los mismos recuerdos. La mujer que amé, los vinos que no me he tomado, los poemas que nunca leí, o los que leí y recuerdo como puñaladas; la tristeza de las letras ajenas, el Barba-Jacob acechándome, preguntándome por Un Hombre.

Y yo sólo, solo con mis recuerdos al lado del pesebre como el niño Jesús que en ningún hogar esperaban. Ya ni el llanto me acude para estas ocasiones, los recuerdos, y caramba, son necesarios tres años atrás para saber lo que es una navidad feliz.

Y hace tres años la felicidad no fue genuina porque estaba plantada sobre la tristeza de la Ramírez. Solo cuatro años atrás puedo decir que fui feliz, que me cobije bajo todas las alegrías de ese día, y aunque en casa prestada, por la Ramírez ya me sentía como en la mía. Es más, mi Enana de otros tiempos, te dañé una navidad, pero te había regalado como cinco inolvidables.

Esperaba que volviera, que apareciera, que esa noche no fuera tan triste, que acaso ni Dios mismo nos pueda consolar. Y el sabor del beso que nunca le dí a la Prince, será que fue la desaventurada que se encontró conmigo, o yo el que me encontré con ella. Decapitada ya, que con los muertos no se trata. Oh, es hora de partir, comienza el conteo regresivo.

viernes, diciembre 05, 2008

Prince...

Dos como vos no se crían... y si contigo las vainas son complicadas, no me quiero imaginar con una criada a imagen y semejanza tuya.

miércoles, diciembre 03, 2008

Caramba

Prince, cómo haces eso justo cuándo te había decapitado, cuando ya no se puede volver atrás... Por poco y me matas, me has sumido en una confusión a la cual ya había renunciado. Y tú llegas y das la cara, la más valiente, frenteas el corte y dices: sí, es él. Justo cuando creía que ya todo estaba muerto y dos segundos después de que te recomendara que no dijeras mi nombre.

Pero no, todo es llevarme la contraria mi prince. Justo sales con esa perla: "oye paisa". Ahí, justo ahí, eso te pudo costar tu buena salud, ahora tendrás mucho quien te haga acordar de mí. Y si haces eso unos días antes, hasta me hubiese gustado, pero que ahoras salgas con eso, ahora cuando ya pasaba una semana desde que decidiera decapitarte. Ay mujer, porqué sos tan linda... Pero igual, no creas que echo mis pasos atrás. Ya tomé una decisión y pese a la muestra de valentía de esta noche, no volveré.

martes, diciembre 02, 2008

...

Yo por mi parte no te olvidaré. Y nos quedáremos apagados, muy apagados, la vida se nos va como la tarde... Nada más podemos decirnos, tuvimos tanto, pocas palabras quedaron, que ya no tenemos nada para contarnos.

No hay tiempo para "a lo mejor..."

lunes, diciembre 01, 2008

¿Cómo la viste Prince?

Contigo decapitada ya no sé que hacer, ni a quién escribirle. Además no sé dónde meter tu cabeza. Eso es lo malo de decapitar a las personas, y no tengo las agallas de dejar tu cabeza en cualquier parte. Por ahora le dedicaré estas letras a tu cabeza (por eso es bueno creer en Dios, uno tiene a quien echarle la culpa cuando las cosas salen mal). Y por eso ahora será bueno tener tu cabeza, porque así tendré a quien escribirle pendejadas.

Entonces debe cambiar el título también y ahora será ¿Cómo la viste cabeza de Prince? Si viste como el fútbol nos puede tener bailando en la frontera entre felicidad y amargura, interviniendo en ambos campos con pocos minutos de diferencia. Del sábado te digo que siento es pena, un partido con dos hombres menos en una cancha sintética es insostenible. Sin embargo hasta cinco minutos antes de terminar íbamos empatados a cinco goles. El nueve cinco fue un resultado demasiado injusto.

De ese día te digo que cuando todo el mundo se estaba acomodando yo ya tenía un gol en mi cuenta personal que quería haber celebrado contigo (pero completa, no solo la cabeza). Obviamente te lo dediqué a vos, pese a que ya te había decapitado.

Ese día me puse a pelear y el partido terminó en un embrollo en el que tuvimos que hacer la paz antes de continuar jugando: pero puta madre que no teníamos porqué perder. El domingo también perdimos, de nuevo con dos jugadores menos, por seis a tres y completé dos derrotas en línea, récord que no vivía hace rato.

Ese día estaba demasiado golpeado e incluso todavía siento mucho dolor en las piernas. Pero que rico este ritmo que estoy llevando. Esta vez estaba demasiado fatigado para ser protagonista y los defensas del otro equipo me aplacaron a punta de pata cuando apenas comenzaba el partido.

Pero la nota feliz la puso el medallo, el dichoso equipo al que tú le has negado los afectos, cuando me regaló uno de los mejores partidos que les he visto. Fíjate que en el primer tiempo, cuando el partido iba en contra dos goles por uno envié una nota con el marcador de Medellín ganando tres por dos. Y aunque el tiempo pasaba y pasaba el equipo terminó dándome la razón: un tres por dos que grité y se escuchó en todo el Campín.

Así es el fútbol, nos lleva y nos trae, hoy nos sonrié y dos minutos después nos niega la cara. Por ahora, cabeza de prince, niña decapitada, come chocolate que es lo único que tengo para vos.

viernes, noviembre 28, 2008

Mal día

Hoy no fue un día, y he tomado la decisión de decapitarte... No estoy ahora para luchas esteriles. Lo de Didier me ha dado muy duro y créeme que estoy guardando el luto como si fuera propio. No es este el momento de seguir, mucha suerte.

En la oficina el día está pesado y el silencio se puede romper a dentelladas. Disfruta mucho tu fin de semana... que ganes y que clasifiques a tus niños, te lo mereces. De verdad que día tan bravo, todo ha salido al revés.

Indignado

Sería imposible decir que lo entiendo parcero, si eso me pasara a mí, en este momento me moriría de la tristeza. No sabés lo dura que fue la noticia y la tristeza tan grande que se sintió en esta redacción: estoy seguro mi brother que todos te acompañamos en este difícil momento. Ánimo parcero, este golpe no se recupera nunca, menos con este tipo de personas... pero la vida sigue y ahora es cuestión suya salir adelante.

Mañana estaremos ahí, mucha suerte compañero.

jueves, noviembre 27, 2008

Sanchica

miércoles, noviembre 26, 2008

Hey Jeimmy...

Excuse me, soccer's princes... My life is pretty different from yours. My family is a landscape... your family is your life: the soccer and your boys, soccer boys, all of them will be the best goalkeepers, middlegame, and coaches... you have the soccers' future.

But me, I need to move to another place, look for another emotions, for another people, in another city. You know, my goal is far away from here. If you want, you are welcome, whenever you feel like going. Take care and remember, every single game, is the most important one.

I miss u

This building is different when you are not around... I, and every thing here, miss you.

I want to have some free days with you, playing soccer, teaching, reading, watching movies, talking about life and its miracles; with the boys and the balls. I want next friday to come fast... I am waiting for you, and today we will leave the office later because there are two soccer games.

Tomorrow, I hope you think about Medellín, because they have a difficult game: and remember, if Medellín wins the tournament, i will be happy... please, keep your fingers crossed for the Dim.

lunes, noviembre 24, 2008

Soccer's Princess

I knew what the problem was: me.

You are a soccer player and I wanted to change your spirit. I tried to take you to another place. Life is soft when we just talk about Valderrama, Leonel and Higuita; when we go to have lunch at the same restaurant, time and table.

Right now, I am thinking about you, as the best one, but only in the soccer field. You gave me another opportunitty for living... and I want to dream about being in the south with you, in Corrientes, in another country when soccer is a life style... but you as a journalist and me as dreamer.

On the other hand, Laura Camila's topic. I have no words. She is about to become a nun... I don't like people that speak about God all the time. I prefer when people talk about another topics, in fact, I prefer when people don't talk about God, and his Son, and the Holy Spirit, and the Marias Santisimas.

Have a good night and think about me tomorrow, because I will be off. Bye, a kiss.

domingo, noviembre 23, 2008

A reason

When you don't have a reason for living you want to find a reason to die. For many months I have believed that my life is a problem, without any expectations, without faith.

But today I have found a reason, without a woman's name. My eyes are there, in the south... and I talk about it all the time.

The plans are for next june, once I get my degree. I want to follow my dream, in another profession, but with all my energies, in another country and with my best friend. I believe I have another opportunity, and that is my goal.

Over there, I want to play soccer a lot, with the best soccer players in the whole world.